GALATAS 4 -- Cruz que resuelve conflictos

GÁLATAS

RETOS DESDE LA CRUZ


GÁLATAS – LA EPÍSTOLA DE LA CRUZ Y EL ESPÍRITU SANTO (4)

La cruz resuelve el conflicto entre Pablo y Pedro

Gálatas 2: 11- 19

Dr. G. Ernesto Johnson

Instituto Bíblico Río Grande

Introducción


En este pasaje encontramos el verso tan frecuentemente citado: "Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí" (Gál. 2:20). Todo el mundo cristiano reconoce este verso, pero ¿realmente entendemos el contexto y la teología de él? Este verso nos abre todo el libro de Gálatas y a la vez la vida cristiana. Que Dios "os dé el espíritu de sabiduría y de revelación en el conocimiento de él, alumbrando los ojos de vuestro entendimiento para que sepáis cuál es la esperanza a que él os ha llamado, y cuáles las riquezas de la gloria de su herencia en los santos y el supereminente grandeza de su poder para con nosotros los que creemos, según la operación del poder de su fuerza" (Efesios 1:18,19). Esta oración de Pablo es nuestra entrada en la gloria de nuestra herencia. En Gálatas 2:20 Pablo nos abre su corazón y explica su apego a Cristo en muerte y en resurrección. Tal andar en identificación con el Crucificado nos corresponde siempre y más y más.


El Trasfondo de este encuentro entre dos grandes apóstoles Gálatas 2:11,12

El impacto de este pasaje se aumenta en gran manera cuando se toma en cuenta la historia pasada de Pedro ante la casa de Cornelio (Hechos 10:1-48), luego la defensa de Pedro ante la iglesia de Jerusalén (Hechos 11:1-18) y también en el más reciente Concilio en Jerusalén (Hechos 15:1-35). En la primera ocasión no quiso ni comer nada inmundo. Dios tuvo que dormirlo para convencerle de que no había en Cristo lo inmundo en cuanto al evangelio, preparándole para la próxima visita a la casa de Cornelio, el centurión romano. Por fin quedó convencido y resultó tras la prédica de Pedro la entrada de los primeros gentiles en la iglesia de Cristo. Pedro había sido un renuente antes pero ahora el obediente mensajero del evangelio.

En la segunda ocasión al regresar Pedro a Jerusalén, los judaizantes y hermanos le reclamaron pública y fuertemente. Pero Pedro se defendió y lo de los gentiles. La comprobación incontestable fue que los gentiles se salvaron y hablaron en lenguas precisamente como los mismos judíos en el Día de Pentecostés. No pudieron negar su entrada en base de la sola gracia de Cristo. Pedro llegó a su defensor de los gentiles.

En la tercera ocasión muy reciente en el augusto Concilio de Jerusalén, Pedro había dicho: "Y después de mucha discusión, Pedro se levantó y les dijo: Varones hermanos, vosotros sabéis cómo ya hace tiempo que Dios escogió que los gentiles oyesen por mi boca la palabra del evangelio y creyesen. Y Dios, que conoce los corazones, les dio testimonio, dándoles el Espíritu Santo lo mismo que a nosotros" (Hechos 15:7,8). Su argumento fue irrefutable. Otra vez defendió la gracia de Dios en recibir a los gentiles sin que fuesen guardadores de la ley y sus reglamentos.


La Vacilación de Pedro ante todo y ante todos en Antioquia Gálatas 2:12,13

No estamos preparados para lo siguiente de parte del vocero del evangelio que Dios usó para abrir la puerta a los judíos en el Día de Pentecostés y a los gentiles en casa de Cornelio. Ante el temor de los de la iglesia madre en Jerusalén y en defensa de su propia reputación allí, dio medio vuelta con implicaciones desastrosas. "Pues antes que viniesen algunos de parte de Jacobo, comía con los gentiles; pero después que vinieron, se retraía y se apartaba, porque tenía miedo de los de la circuncisión" (2:12). En medio camino Pedro dio vuelta; el discernimiento de Pablo y su reprensión pública de Pedro no fue nada personal sino el análisis del Espíritu Santo por boca de Pablo. La motivación de la hipocresía de Pedro en dicho momento crítico fue miedo, orgullo, egoísmo, la pura carne.

Eso en sí fue malo, pero peor aún que los demás hermanos judíos se dejaron llevar y aun Bernabé, el mismo compañero de Pablo en la visita Jerusalén y luego en el Concilio, se dejó llevar. ¡Qué mal testimonio, pero peor aún qué ataque frontal contra la gracia de Dios, la base de la salvación! Como si fuera necesario hacerse judío para ser creyente en Cristo el pobre gentil. ¡Qué confusión hubiera creado en la mente de los nuevos convertidos gentiles!


La Valentía de Pablo frente a tal confrontación, Pablo defensor de la gracia de Dios

Aquel momento fue crucial. El acto hipócrita de Pedro fue público delante de todos los hermanos. No fue tiempo para consultarle privadamente. Pablo tuvo que hacerle frente ante todos. Tal respuesta demandaba una valentía, un compromiso singular ante aun uno de gran categoría. Por eso Pablo dijo: "pero cuando Pedro vino a Antioquía, le resistí cara a cara, porque era de condenar . . . pero cuando vi que no andaban rectamente --derecho --conforme a la verdad del evangelio dije a Pedro delante de todos . . . ." (2:11, 14). Podemos imaginar la tensión, el drama de aquel el momento.

Pero debemos reconocer que no fue nada personal entre Pedro y Pablo, porque no quedó en tela de duda la reputación de Pablo. Era la fidelidad al principio de la gracia de Dios --el mismo argumento de toda la Epístola a los Gálatas. Pablo incluyó esta confrontación, no para ponerse encima de los demás sino para nada sacrificar la base de la salvación. Esto nos enseña que hay el momento de consultar por asuntos privados (Gal. 2:2), pero hay el momento de confrontar y hacerlo todo en el espíritu de la Cruz, como veremos en seguido. Pablo reconoció lo sutil de la carne, el pecado del orgullo y miedo. La táctica nuestra tan a menudo es defendernos ante quienes nos acusan y reprenden. Es tan fácil querer quedar bien con todos, pero no a costa de la verdad. Dios nos dé hoy día más hermanos como Pablo.


La Firmeza de Pablo al tratar con la hipocresía de Pedro Gálatas 2: 14


Lo que sigue en nuestro pasaje es un patrón, un paradigma en cómo tratar con un hermano que está en error. La carne nuestra sabe denunciar, juzgar, reprender en base de la pura verdad como la ve uno. Cuando uno orgulloso por ser correcto denuncia al otro hermano equivocado resulta en una confrontación sin solución. Es un callejón sin salida. Ambos resultan más en contra que nunca y más distanciados. Pablo no sigue ese sistema de pura confrontación. Es cierto que lo resistió cara a cara y delante de todos por haber sido un mal testimonio público. Claramente Pablo estableció y definió el error y mal. Para que nadie se confundiese, Pablo se dirigió directamente a Pedro. Tres veces Pablo dice: «tú» . . . «vives» . . . «obligas». Era fiel en hablar franco y directo. "Fieles son las heridas del que ama. pero importunos los besos del que aborrece" (Prov. 27:6). Si no hay tal franqueza, no resulta el trato eficaz del mal. No es tiempo de hablar en generalidades ni dar vueltas. Pablo sigue el razonamiento lógico de la hipocresía de Pedro y el efecto malo en los demás a quienes les sirve (2:14). Allí está la franqueza, poniendo el dedo en la llaga.


La Humildad de Pablo al tratar con la hipocresía de Pedro Gálatas 2: 15-17


Después de su fidelidad doctrinal, Pablo cambia el rumbo de su trato. Cambia los pronombres de «tú» a «nosotros.» De esta manera Pablo se pone a sí mismo en los zapatos de Pedro y revela su profundo concepto de la debilidad carnal del ser humano, aun en los más grandes. Pablo implícitamente dice. "Yo sé de dónde vienes, tu trasfondo judío en el cual estuve yo allí también; lo hice y aun lo peor." Pablo nunca olvidaba que persiguió a la iglesia de Cristo "Habiendo sido blasfemo, perseguidor e injuriador; mas fui recibido a misericordia porque lo hice por ignorancia, en incredulidad" (1 Tim. 1:13). Pablo recordaba bien la mentalidad del legalista judía para con los gentiles que lo fue él mismo. El mismo había compartido ese prejuicio. De esta manera quita algo de lo rudo de sus palabras por venir.

En los tres versos (14-17) Pablo recuerda su vida en Adán, no en Cristo. Por incluirse en esta vieja vida, se identifica con la actuación de Pedro. No fue que no la condenase sino que mostró lo ilógico y lo contrario que era su hipocresía en predicar una verdad y vivir otra. Pablo halló la verdad básica que sí Pedro bien sostenía, aunque su conducta en ese momento fue muy contraria. Apeló a Pedro y a las implicaciones que hacían que Cristo fuese "ministro de pecado" -- cosa tan inimaginable (2:17). Edificar por predicar a Cristo y la salvación por la pura gracia y luego desmantelar la verdad por no practicarla deja mucho por desear. No se puede justificar de manera alguna.

Pablo tocó lo que tenían en común, es decir, la doctrina cardinal de la justificación por la fe sin las obras de la ley. Pedro en su corazón no pudo ni quiso negar ello. De esta manera por incluirse Pablo suaviza la reprensión con el fin de tocar el corazón sincero de Pedro. Aquí se ve la sabiduría y la ternura de Pablo para con Pedro sin perjudicar en nada la verdad tan importante. Debemos tratar a los demás con un profundo sentido de nuestra fragilidad. Sólo Dios nos mantiene en el momento de la tentación cuando surja el miedo y el daño a la dizque reputación.


Pablo ya muerto a ley y quebrantado por la Cruz introduce su testimonio Gálatas 2;18, 19


Pero hay otro cambio de pronombre de «tú» (14) a «nosotros» (15,16) y ahora a «yo» incluidos en los verbos (18,19): "Por que si las cosas que destruí, las mismas vuelvo a edificar, transgresor me hago. Porque yo por la ley soy muerto para la ley, a fin de vivir para Dios." Es difícil saber si éstas son las mismas palabras habladas en aquel momento tenso o si son los comentarios de Pablo después con respecto al incidente. Pero de todos modos, Pablo deja a un lado a Pedro y se pone a sí mismo en el primer plano. Pero esto es la verdadera humildad. Pablo dice en tantas palabras a Pedro. Yo pudiera haber hecho lo mismo. Así vivía yo una vez: "Aunque yo tengo también de qué confiar en la carne, si alguno piensa que tiene de qué confiar en la carne, yo más; circuncidado el octavo día; del linaje de Israel; de la tribu de Benjamín; hebreo de los hebreos; en cuanto a la ley fariseo; en cuanto a celo perseguidor de la iglesia; en cuanto a la justicia que es en la ley irreprensible" (Fil. 3:4-6).

Decía Pablo si regresara yo a vivir como antes vivía confiando en la ley y sus reglamentos contradiría todo lo que he venido edificando. No me es posible, porque la ley intervino y me mostró mi pecado en semejante estilo de vida. Ahora Pablo toca el verdadero propósito de la ley. En Gálatas 3 la va a tratar doctrinalmente. Aquí la trata en términos de su unión con Cristo y en cuanto a lo práctico. Los legalistas decían o implicaban que la ley debía ser obedecida para ganar la plena bendición de Dios, como si fuese dada para agregar algo más al creyente. Al contrario Pablo dice la ley me mató (Rom. 7:7-9). No es por el esfuerzo sincero, ni rito religioso, sea cual fuere, que lograremos vivir en la victoria de la Cruz. La ley nos hace hipócritas: "Pedro, tal que has mostrado." Pablo hace la aplicación a sí mismo en lugar de denunciar directamente a Pedro. Pablo siente la atracción de la carne, pero la ley sólo condena; nos deja bajo la ira de Dios.


Pablo pone la nueva perspectiva divina frente a la ley, perspectiva perdida por Pedro

Pero hay otro uso de la ley y es realmente la razón porque Dios nos la dio. La ley nos hace pecadores, porque ninguno puede cumplir siempre con todo lo que la ley demanda. "Maldito todo aquel que no permaneciere en todas las cosas escritas en el libro de la ley, para hacerlas" (Gál. 3:10). La perfección que la ley demanda de nosotros nos mata. Resultamos inútiles, muertos, condenados. En ese sentido Pablo dice: "yo por la ley soy muerto a la ley a fin de vivir para Dios" (2:19). La ley es nuestro ayo que nos conduce a Dios. "De manera que la ley ha sido nuestro ayo para llevarnos a Cristo, a fin de que fuésemos justificados por la fe" (Gál. 3:24).

Parece muy larga la introducción a Gálatas 2:20, pero realmente establece la gracia de Dios a través de la Cruz como el único camino a la victoria, tratando con la hipocresía, el orgullo nuestro, el miedo y el egoísmo de los mejores de nosotros. Pablo le explica a Pedro como fue que él no podría responder frente a tal situación. En Cristo ante la ley, se murió a sí mismo y a la ley y para ahora poder vivir sólo para con Dios. Romanos 6-8 abarca el mismo terreno, pero en Gálatas tenemos una situación en la que podemos identificarnos. Nadie queda exento a la carne, pero la cruz es la última palabra de Dios para que realicemos su presencia en nuestras vidas.

Ya que existe una estrecha relación entre los dos libros, Romanos y Gálatas, Pablo en Romanos 7 se dirige a esta relación ya rota en la muerte de Cristo. La expresa clara y positivamente en Rom. 7:4: "Así también, vosotros, hermanos míos, habéis muerto a la ley mediante el cuerpo de Cristo, para que seáis de otro, del que resucitó de los muertos, a fin de que llevemos fruto para Dios." Afirma Pablo que la vida en Cristo es un sumo querer y no un frustrante deber. No es por la ley, ni guardar sus reglamentos sino por realizar nuestro matrimonio espiritual con el resucitado novio, Cristo. El resultado de tal unión mística será fruto para Dios en una victoria diaria. En Romanos 7; 7-24 Pablo revela como una vez practicaba tal hipocresía y le resultó en un "¡Miserable de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo de muerte? (24). Ahora responde por tomar su posición identificada con Cristo en muerte al pecado y vivo para Dios en Cristo Jesús (Rom. 6:11). Tal posición resulta en "Gracias doy a Dios, por Jesucristo Señor nuestro" (7: 25).


Verdades prácticas por aprender

1. Los líderes más renombrados pueden caer en dicho momento que no mantienen por fe su posición en Cristo muerto a la ley y vivo para Dios – Pedro y Bernabé y los demás judíos.

2. La atracción del orgullo, el deseo de mantener la reputación y el miedo de otros presentan una trampa constante para los mejores – Pedro y Bernabé.

3. Llega el momento de tratar con valentía y humildad tales caídas, no olvidando nunca la debilidad de quien reprende al otro – Pablo

4. La ley sólo sirve para matarnos. Por lo tanto no estamos bajo la ley sino bajo la gracia, casado con Aquel que resucitó de la muerte – tú y yo.

5. Sólo la cruz aplicada diariamente es la respuesta divina a la carnalidad siempre presente en nosotros. Ya estamos para apreciar la gloriosa verdad de Gal. 2:20: "Con Cristo he sido juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí . . . ."



Dr. G. Ernesto Johnson
Instituto Bíblico Río Grande
Edinburg, TX
23 de septiembre de 2008
gejohnson@juno.com www.kneillfoster.com www.obrerofiel.com

GALATAS 5 -- Union con Cristo

GÁLATAS

RETOS DESDE LA CRUZ


GÁLATAS – LA EPÍSTOLA DE LA CRUZ Y EL ESPÍRITU SANTO (5)

Gálatas 2:20 - La Verdad Cumbre de Nuestra Unión con Cristo

Gálatas 2: 20,21


Introducción.

De memoria citamos Gálatas 2:20: "Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí." Suena bonito y muy espiritual pero ¿de veras nos damos cuenta de lo que significa en nuestro andar diario? Para mí no hay versículo más clave, más crítico que éste. Decirlo y vivirlo en el crisol de la vida es otra cosa. En el estudio anterior de ese encuentro serio con el apóstol Pedro cuando la verdad del evangelio quedaba en tela de duda, Pablo responde con esta verdad personal y práctica. Explica su reacción correcta ante Pedro en términos de su co-crucifixión e identificación con Cristo en la Cruz. Éste era el mensaje central de Pablo frente a todo problema.


Breve repaso del contexto -- Pablo choca con Pedro ante los hermanos

Nuestro estudio de Gálatas 2:20 forma parte de un contexto más amplio en el cual Pablo autentica su apostolado, su derecho de hacer frente a los maestros de la ley que hacían daño a los creyentes en Galacia. Empieza en Gal. 1:11-24 por narrar su conversión y la revelación inmediata del evangelio independientemente de los demás apóstoles. Lo recibió directamente de Cristo. En Gál. 2:1-10 apela a su muy limitado contacto con los de Jerusalén. En ese augusto concilio no le agregaron nada, al contrario le dieron "la diestra en señal de compañerismo" (2:9).

Pero Gálatas 2:11-21 nos presenta un choque en plena asamblea entre los grandes dirigentes, el apóstol a los judíos y el apóstol a los gentiles. Pedro antes comía a gusto con los gentiles en Antoquía en señal de la recepción de los gentiles ya en uno en Cristo. Contaba con su recordatoria de ir a predicar en casa de Cornelio, el centurión romano (Hechos 10: 9-48).

Todo iba muy bien hasta llegar algunos de Jerusalén, compadres de Pedro de la iglesia madre. De repente y en contra de todo lo predicado Pedro se retiraba de los gentiles para no comer con ellos como antes. Ahora se presenció el escándalo de la hipocresía y la negación abierta del mensaje clave de que en el evangelio todos son iguales en Cristo por pura gracia. Pedro actúa con orgullo, miedo y con miras de mantener su reputación ante los judaizantes. Pablo reconoció de inmediato la hipocresía de Pedro y tomó cartas en ello.

Pablo con mucha valentía al discernir la carnalidad de Pedro lo reta cara a cara ante todos. Pone el dedo en la llaga y lo reprende. Pablo no quiso peligrar la piedra del ángulo del evangelio --salvos por la pura gracia sin tomar en cuenta ninguna distinción racial ni religiosa. Pero en esta alarmante confrontación Pablo da evidencia de mucha sabiduría y humildad. Aclara el principio clave, pero luego con el cambio de los pronombres suaviza y explica el mal de Pedro. Hasta se ve la ternura de pablo en medio de la franqueza fuerte. Empieza con «tú» (14), luego a «nosotros» (15-17) y finalmente "si las cosas que destruí «yo», las mismas vuelvo a edificar, trangresor me hago" (18,19).

Pablo aquí se identifica teóricamente con Pedro. En breve dice: "Pudiera yo haber fallado justo como fallaste tú, Pedro." No minimiza el mal de Pedro, pero ni toma una posición de santurrón. Y con calma Pablo dice que la ley con sus muchos reglamentos, lejos de salvarlo, lo mató probando abiertamente su pecado. De esa manera murió a la ley cuando por fe se identificó con Cristo quien cumplió la ley y los salvó a los dos en base de su pura gracia.


Pablo pone en claro por qué no pudo dejarse llevar por el ejemplo de Pedro Gal. 2:20


Antes de la exégesis de Gál. 2: 20, meditemos en esta confrontación que destacó el choque entre el orgullo de Pedro en dicho momento debilísimo, aun siendo Pedro el paladín de Pentecostés. Para Pablo no era cuestión de la rivalidad personal, ni de prestigio y fama. Valorizaba la pura verdad, la consistencia ante los hermanos más débiles y quería poner el ejemplo de Cristo a la vez. Por eso Pablo en su trato con Pedro no lo despreció sino con su corazón sensible a sus propias debilidades, se identifica con Pedro en algún sentido. Hubo esta gran diferencia entre los dos: Pablo iba a decir cómo él pudiera haberlo hecho excepto por la pura gracia de Dios y lo que le pasó de una vez en aquella cruz que los dos predicaban. Dejando lo de Pedro, Pablo en términos muy personales le explica el cómo de la vida victoriosa.

Gálatas 2:20 es la joya en la corona de la vida en unión con Cristo. Es el "anillo de sellar" del creyente (Hageo 2: 23). Es la gema incrustada en la vida resucitada. Es toda la verdad de nuestra identificación y nuestra participación desarrolladas en Romanos 5:12-8:31, todo aquí en un solo versículo. Logra más lustre porque viene en medio de una confrontación tan difícil pero necesaria. Pablo expresa una valentía, humildad, ternura y abnegación, pero que a la vez exalta al Crucificado. Hace que el Cordero de Dios sea el lema de los coros celestiales (Apoc. 5:12-14). No cabe duda que éste es el dicho más místico de Pablo, místico en el mejor sentido de lo espiritual y duradero.


La exégesis de Gálatas 2: 20 « Con Cristo . . . » Identificación

El texto empieza con Cristo, al frente y en el centro. A la vez expresa nuestra unión vital que existió desde esa muerte en la Cruz hace dos mil años. Cambiando la figura literaria, era un verdadero injerto, una rama en la vid según Jesús mismo (Juan 15. 1-8). Era y sigue siendo una unión orgánica, no teórica. El texto original no necesita la palabra "juntamente" porque ya se estableció ese enlace con Cristo que Dios hizo de una vez. Esto es mucho más de nuestra posición doctrinal. A veces se oye tal es nuestra posición como si fuese teórico, no más. Basta Cristo.


«He sido crucificado» Punto de partida

El tiempo del verbo es crucial. No es tanto que ahora "estoy crucificado;" eso viene implícito. La idea predominante del tiempo perfecto pasado, voz pasiva es he sido crucificado en un punto de tiempo en el pasado, una co-crucifixión que coincide con esa muerte expiatoria de tal modo que Pablo viva en ese presente ambiente,bajo el poder y la eficacia de esa muerte que satisfizo a Dios de una vez. En breve, cuando Cristo murió al pecado (Rom. 6:10), yo morí al pecado (Rom. 6:2). Morí con respecto a su poder dominante y su control. Éste es el mismo verbo que aparece en Romanos 6:6: "Conociendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado (aoristo/pasado,voz pasiva) juntamente con él, para que el cuerpo del pecado, sea destruido (rendido nulo,cancelado), a fin de que no sirvamos más el pecado."


«Ya no vivo yo mas vive Cristo en mí . . . » Consecuencia radical


Un comentarista dice: "No hay coma después de «vivo.»" Es más bien una continuación de la misma vida resucitada de Cristo. Este dicho es radical, revolucionario. No quepo yo. Quedo muerto, sepultado, pero resucitado, una nueva persona, mi nueva identidad en Cristo. Esta gloriosa verdad soluciona lo heredado de postrer Adán, el triste pasado nuestro. No hay porque echar la culpa a los anteriores nuestros ni a nuestra herencia. Claro en el desarrollo de la vida espiritual, hay los pasos de fe por tomar, pero en esa unión queda el nuevo potencial del Mucho Más de la vieja naturaleza adánica (Rom 5: 9, 10, 15, 17, 20).


«Y lo que ahora vivo en la carne . . . » Realidad verdadera


Pablo es puro realista. El contexto de este versículo es el escándalo de un sincero apóstol a quien Dios había usado muchísimo, pero no tomó en dicho momento su posición con Cristo crucificado dejándose llevar por su orgullo y su reputación (1 Pedro 2:24). Por eso Pablo de manera realista antes usó el «yo» en Gal. 2:18,19. Nadie queda exento de tener que vivir esta vida en este cuerpo mortal como dice Romanos 6: 12; 8: 11-13. La Biblia no nos enseña la perfección alcanzada por este lado de la tumba, pero eso en sí no es excusa alguna para seguir pecando. "Tenemos este tesoro en vasos de barro para que la excelencia del poder sea de Dios, y no de nosotros" (2 Cor. 4:7).


«Lo vivo en la fe del Hijo de Dios . . .» El gran cómo

Pablo nos da la piedra de toque. Esta nueva posición tomada en fe, en pura fe, es el único modo de realizar en toda circunstancia la vida resucitada de Cristo. NO es por los esfuerzos de la ley, ni por ninguna buena obra nuestra, ni el fiel servicio dado a Cristo, sólo por la fe. Esta fe es el ambiente, el medio en que vivimos. El objeto de nuestra fe es Cristo y mi unión con él. Es por contarme muerto, vivo para Dios en Cristo Jesús (Rom. 6:11-14).


«El cual me amó, y se entregó a sí mismo por mí» Acto final de amor


Pablo se da cuenta que esta crucifixión era un acto de puro amor. De esta manera Cristo lo libró de sí mismo y esa carga del «yo»que no pudo haber llevado jamás. Dios no consultó con Pablo ni conmigo cuando juzgó tajantemente inútil e incorregible la carne nuestra. Sabía que el único remedio posible sería la muerte, la de su Hijo y la tuya y la mía en él. Debemos atesorar esa unión aun cuando nos elimina el «yo» y así deja lugar para su amado Hijo.



La Exégesis de Gálatas 2:21 «No frustro la gracia de Dios . . .» Meta de Pablo


Termina Pablo con el firme rumbo de su voluntad. Esta firmeza viene no de su mayor esfuerzo sino de la vida nueva que se deja florecer en su diario andar. Aun en medio de esta prueba y tensión con Pedro, Pablo dice sin jactancia alguna, no desecho, no obstaculiza la gracia de Dios. No caben la ley y sus reglamentos. Son más que inútiles frente al orgullo y el miedo. Al contrario pone el caso hipotético escandaloso: Si alguien lograse por el puro esfuerzo de la ley la justicia de Dios, Dios se equivocó en gran manera por haber dado a muerte en vano a su hijo. ¡Pensamiento inconcebible!


¿Cómo terminó este encuentro?

Pablo no nos dice cómo terminó este encuentro. Pero el silencio de Pablo y de Pedro deja por claro que el gran apóstol Pedro se dio cuenta de su error, su carnalidad. No estaba preparado él para negar lo que venía predicando y lo que seguía viviendo. Es bueno tomar nota de lo que dice al final en 2 Pedro 3:15 "Y tened entendido que la paciencia de nuestro Señor es para salvación como también nuestro amado hermano Pablo, según la sabiduría que le ha sido dada, os ha escrito, casi en todas sus epístolas, hablando en ellas de estas cosas . . . ."



Conclusión

Así en un solo verso Pablo encierra la esencia de la vida victoriosa. Es un enfoque Cristo céntrico que parte de nuestra co-crucifixión, realizada en nuestra muerte al «yo» y a la ley --tema de Gálatas. Resulta en nuestra toma por la fe de esa realidad espiritual que rinde nulo el poder del «yo» y permite que Cristo viva en nosotros. Esa muerte, la suya y la nuestra era un supremo acto de amor. Juan 3:16 y Gálatas 2: 20 combinan para mostrarnos la grandeza del amor de Dios. Con razón Pablo termina esta epístola por decir: "Pero lejos esté de mí gloriarme, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por quien el mundo me es crucificado a mí, y yo al mundo. Porque en Cristo Jesús ni la circuncisión, vale nada, ni la incircuncisión, sino una nueva creación" (Gálatas 6:14, 15).


Verdades poderosas por tomar muy en cuenta


1. Sólo a pie de la cruz se solucionan verdaderamente los conflictos entre los hermanos. La cruz anula el orgullo, el miedo y el egoísmo a cero para que Cristo resalte glorificado.

2. La toma de nuestra posición muertos al pecado y vivos para Dios suelta el poder de la Cruz. Si no, resultan sólo la frustración y las enemistades dando lugar al diablo que destruye la unidad el cuerpo de Cristo.

3. Por haber seguido tomando Pablo su posición con Cristo pudo preservar la gracia de Dios, recobrar a Pedro y dejarnos el ejemplo de saber cómo llevar la vida victoriosa.

4. Este poder libertador no reside en una sola experiencia que grande sea sino en un andar por fe tomando diariamente nuestra posición asegurada de muertos a nosotros mismo pero a la vez vivos para Dios en Cristo Jesús. "El justo por la fe vivirá" (Romanos 1:17).


G. Ernesto Johnson
Rio Grande Bible institute
Edinburg, TX
28 de octubre de 2008


gejohnson@juno com. Invito correspondencia por e mail.

En la Internet: www.kneillfoster.com Hacer clic en mi foto y aparecerán los de inglés y español.

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GALATAS 6 -- Por obra o por Fe ?

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RETOS DESDE LA CRUZ


GÁLATAS – LA EPÍSTOLA DE LA CRUZ Y EL ESPÍRITU (6)

¿Murió en vano Jesús? ¿Salvación por obras o por fe?

Gálatas 3: 1-14

Dr. G. Ernesto Johnson

Rio Grande Bible Institute

Introducción


Pablo vuelve al afán original que tenía para con los gálatas, sus hijos en la fe. El afán espiritual que dio principio a esta carta fue el posible regreso de las gálatas a la ley de Moisés bajo la presión de los judaizantes que venían predicando a Cristo pero agregando más, el guardar de aspectos de la ley. En aquel entonces era la cuestión de la circuncisión y el error que les faltaba algo esencial en el evangélico según Pablo. Claro estos judaizantes tenían su propia agenda aparte. Pablo siempre es listo a ver la trampa de su agenda y el grave peligro que infiere el error que la obra de Cristo falta en algo. Se echa a responder con honda emoción, sorpresa y cariño.


Repaso de los dos primeros capítulos de la epístola a los Gálatas


Las divisiones principales de Gálatas son: capítulos 1 y 2, la autenticidad del apostolado de Pablo, sección biográfica; capítulos 3 y 4, la superioridad final de la promesa frente a la ley, sección teológica; capítulos 5 y 6 la aplicación práctica de la Cruz y el Espíritu, sección exhortatoria.


Pablo empieza la epístola con una breve introducción marcando la importancia del "cual se dio a sí mismo por nuestros pecados para librarnos del presente siglo malo, conforme a la voluntad de nuestro Dios y Padre" (1:4). Enfoca el valor y el propósito de la Cruz. Ya que los judaizantes quieren socavar la autoridad apostólica de Pablo, él dedica los primeros dos capítulos a fin de establecer las bases firmes de su evangelio. Su táctica de ellos fue, si no pueden acabar con el mensaje, acábese con el mensajero.


Pablo establece el derecho de su mensaje por declarar "cuando agradó a Dios, que me apartó desde el vientre de mi madre, y me llamó por su gracia (1:15). La media vuelta del fariseo a predicador debe haber establecido lo genuino de su transformación; luego no pudo haber recibido el evangelio de Pedro porque permaneció con él no más de quince días (1:18). Además en el gran Concilio de Jerusalén (Hechos 15) no le agregaron nada a su mensaje ni a su ministerio (2-1-10). Finalmente en su choque con Pedro, Pablo señaló el error de los judaizantes, el de hacer una diferencia entre judíos en Cristo y los gentiles en Cristo. Al reprender a Pedro, Pablo explicó lo que estaba en peligro: la gracia de Dios y la unidad de los creyentes y el poder transformador de la Cruz en la vida del creyente. (2:12- 21).


La Ley mosaica frente a la gracia y la promesa de Dios a Abraham Gálatas 3: 1-14


La sorpresa y el pasmo de Pablo ante la situación crítica Gálatas 3:1-5



Al final de esa sección preciosa de nuestra identificación con Cristo en muerte al pecado y ahora vivos para Dios en Cristo Jesús (Gál. 2:20,21), Pablo supone que "si por la ley fuese la justicia, entonces por demás murió Cristo" ( 2:21). Semejante pensamiento no puede ser posible. Pero es precisamente a lo que los judaizantes conducían a los gálatas. Por eso exclama Pablo sorprendido y angustiado: "¡Oh, gálatas insensatos! ¿Quién os fascinó para no obedecer a la verdad, a vosotros ante cuyos ojos Jesucristo fue ya presentado claramente entre vosotros como crucificado" (3:1). Muy interesante es el verbo «fascinar,» la costumbre supersticiosa del mal de ojo. Les imponían un encantamiento de tal manera que quedaron confusos y embrujados. No puede ser por la mera ignorancia de los gálatas, porque Cristo había sido anunciado por medio de carteles oficiales anunciando el triunfo de la Cruz. Debe haber otra influencia más maligna.


Por medio de cuatro preguntas retóricas muy pertinentes, Pablo expresa su asombro y agonía espiritual. En rápido orden vienen: "¿Recibisteis el Espíritu por las obras de la ley, o por el oír con fe? ¿Habiendo comenzado por el Espíritu, ahora vais a acabar por la carne? ¿Tantas cosas habéis padecido en vano? Aquel, pues que os suministra el Espíritu, y hace maravillas entre vosotros, ¿lo hace por las obras de la ley, o por el oír con fe?" (3: 2-5).


Van por el rumbo opuesto a todo lo que han recibido-el Espíritu y las manifestaciones de él; pero ahora regresan por la carne, perdiendo lo ganado a pesar de sus sufrimientos por Cristo. Nótese el agudo contraste con las obras de la ley contra el oír con fe. Pablo les presenta la locura completa de abandonar lo que les trajo todo lo que tienen; en cambio nada se les devuelve sino volver a la carne. Por eso los llama necios, insensatos, embrujados espiritualmente.


Establece Pablo la total incompatibilidad de la fe y el Espíritu con los reglamentos viejos de la ley. En el Espíritu se gozan de la libertad, el perdón, la justificación por la gracia de Dios y la unión con el Crucificado. Eso es muchísimo que perder. Ahora entendemos su primera reacción fuerte: "Estoy maravillado de que tan pronto os hayáis alejado del que os llamó por la gracia de Cristo, para seguir un evangelio diferente" (Gál.1:6).


Pablo los devuelve a la bendición del Pacto Abrahámico Gálatas 3:6-9.


Pablo vuelve a las verdades del Antiguo Testamento el cual los judaizantes deberían haber reconocido como la última autoridad. Pablo, muy conocedor de las Escrituras, argumenta en base de lo inspirado. Abraham, llamado desde más allá del río Éufrates de una familia idólatra (Josué 24. 2), obedeció a la orden de salir con la plena bendición de un pacto incondicional de parte de Dios. Abraham centenares de años antes del dar de la ley "creyó a Jehová y le fue contado por justicia" (Gen.15:6). Toda la prometida bendición hacia todas las naciones (3: 8) empezó con un sólo el oír con fe. ¿Cómo les puede ofrecer algo mejor el judaizante?


Pablo se percata de la estrecha relación de Abraham con el pueblo de Dios. En base de esta relación afirma que somos hijos de Abraham y por ende hijos de la fe. Entramos en las plenas bendiciones del pacto que Jehová le dio en gracia sólo en base del oír con fe.


Pablo les recuerda que el Pacto mosaico trae consecuencias fatales Gál. 3: 10-12


Pablo hace frente a la realidad con los gálatas si persisten en ponerse bajo la ley. Armado de las citas del Antiguo Testamento, Pablo revela lo que realmente han escogido si siguen a esos falsos maestros. "Porque todos los que dependen de las obras de la ley están bajo maldición, pues escrito está: Maldito todo aquel que no permaneciere en todas las cosas escritas en el libro de la Ley para hacerlas" (3:10; Deut. 27:26). Vivir bajo la maldición no es opción para nadie porque quién jamás haya cumplido con toda la ley todas las veces frente a toda tentación. Además Habacuc dice lo contrario abriéndonos un camino totalmente diferente: "Y que por la ley ninguno se justifica para con Dios, es evidente, porque: el justo por la fe vivirá" (3:11; Hab. 2:4).


Si los gálatas valorizan su salvación, su justificación ante Dios, tienen que darse cuenta de que no les queda ninguna opción de mezclar la fe con las obras. La ley los condena, no los salva. Cristo basta; agregar algo a su obra perfecta es sustraer fatalmente la eficacia de ella. No se puede tener las dos cosas tan diametralmente opuestas. No se puede escoger y agregar como le dé la gana. Su vacilación es seria y tendrá consecuencias imprevistas y nefandas.


Pablo vuelve al tema de la cruz y promete las consecuencias benéficas Gál. 3:13-14


La maravilla de la Cruz emerge en toda su gloria. "Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición (porque está escrito: Maldito todo el que es colgado en un madera [Deu. 21:23]) para que en Cristo Jesús la bendición de Abraham alcanzase a los gentiles, a fin de que por la fe recibiésemos la promesa del Espíritu" (3:13.14). Aquí está la esencia del evangelio. Cristo tomó sobre sí la maldición de la ley que era la nuestra por causa de los pecados nuestros. Habiendo satisfecho totalmente a su padre, el juez justo, Cristo nos compró del mercado de los esclavos y pagó el precio con su preciosa sangre. Libres de la ley y su furor, descansamos en nuestro Redentor. "Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en El" (2 Cor. 5:21). Absolutamente nada nos falta. ¿Quién puede agregar algo a esa obra consumada en la Cruz cuando dijo:"¡Consumado es!" (Juan 19:30).


¿Cuál es la importancia de este tema ahora -- las obras versus la fe?


Se pudiera decir: ¿Qué tiene que ver todo esto hoy en día? Lo de la circuncisión no nos disturba. Los judaizantes ya no nos perturban. ¿Es esto un punto doctrinal muy arcaico? De ninguna manera. Algunos términos se cambian, pero tras la superficie es un tema candente hoy en día.


El corazón humano motivado por su auto-importancia y su orgullo desea siempre participar en merecer algo; le da importancia aun ante Dios. Hay una tremenda satisfacción al decir: ya lo logré por mi puro esfuerzo. Pero ante un Dios santo y perfecto a quien todos tenemos que dar cuenta algún día, sabemos muy bien que no podemos parar nunca en su presencia. "Porque todos pecaron y están destituidos de la gloria de Dios" (Rom. 3:23). Este mismo verso solo descalifica al mejor si fuese tal. Dios dice que todos pecamos (aoristo/tiempo pasado). Eso quiere decir que en Adán, nuestro primer padre, la naturaleza humana pecó de una vez; se extravió de tal manera que nacimos con ese rumbo errante. Además estamos (tiempo presente) destituidos, en bancarrota ante Dios. Tanto nuestro ser además de nuestros actos nos condenan. Nada nos puede calificar para ofrecer nada a Dios.


Sabiendo todo esto, Dios propuso una redención que dependería cien por ciento de sí y de la obra de su Hijo (Juan 14:6). Sólo ellos dos en uno pudieran remediar el mal de hombre. Por lo tanto ideó un plan en que Dios mismo tomaría la iniciativa y proveería en base del oír con fe un regalo del perdón y restauración. Para que el hombre sintiera su necesitad, siendo ciego y orgulloso, Dios tuvo que dar realce al pecado del hombre. Por eso mandó la ley de Moisés para hacer resaltar nuestro mal y llevarnos en nuestra depravación a acercarnos a él por el oír con fe. Será el tema del próximo estudio (Gál. 3:15-29).


Pero hoy día ¿cómo se nos presenta este problema? El ser humano religioso quiere hacer su parte para al fin de cuentas participar en las recompensas. Pero Dios NO comparte su gloria con ninguno (Isa. 48:11). Nos acercamos a Dios bajo sus condiciones o no nos acercarnos a él no ofreciéndole nada nunca. "Nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo" (Tito 3:5). Además el orgullo de presumir que podemos hacer algo revela la ceguera del corazón duro. Recibir el don de Dios requiere el arrepentimiento y el oír con fe (3: 2.5).


Otra fase de este problema es que tantos dependen de su religión, su iglesia, sea la Católica, la Ortodoxa, la Protestante, pensando que el bautismo, la confirmación, la misa, los rituales de la iglesia serán el medio o la garantía suya de ser aceptos de parte de Dios. ¡Grande y horrorosa será la desilusión de tales en aquel día!


Aun entre nosotros los evangélicos hay el error sutil pero pernicioso de que si buscamos el don de hablar en lenguas, o logramos obtener el don de la profecía, o ser ordenado como apóstol o profeta, de esa manera llegamos a ser más espirituales. Y aun para los fieles si servimos tantos años, o logramos tener muchos seguidores, o llegamos a ser pastor de una mega-iglesia, ya hemos logrado mucho. De hecho tenemos que dejar la idea errónea que con esos «logros» nuestro ministerio y mensaje son exitosos y realmente glorifican a Dios. Toda meta de tal estilo no vale nada ante Dios. Nuestro mensaje es Cristo y sólo Cristo. Todo es por la pura gracia de Dios en la Cruz; Pablo llamaría a todo aquello descrito arriba como "otro evangelio". El peligro de los gálatas está todavía con nosotros hoy y nos urge tomarlo muy a pecho el mensaje de esta epístola. Que nos ayude Dios.



Verdades poderosas por tomar en cuenta


1.Debemos estar sobre aviso porque en el momento menos pensado podemos ser embrujados por el enemigo y la enseñanza falsa. El único remedio es apegarnos a las Escrituras y la obra de la Cruz.
2.A toda costa defendemos la gracia de Dios. Es la piedra de toque del evangelio.
3.El legalismo en cualquier forma va en contra de la gracia de Dios entendida bíblicamente. El legalismo exalta lo logrado humanamente. Lo que apela al orgullo humano es fatal. La gracia resulta en la verdadera gloria de Dios y nuestra libertad santa.
4.El oír con fe expresa precisamente el papel nuestro ante la gracia de Dios. Nos trae el poder transformador de la Cruz. Resulta en la gloria del Dios trino.
5.Con razón Pablo ha sido llamado el Apóstol de la Cruz en todos los aspectos de la gama de la salvación.

Dr. G. Ernesto Johnson

Rio Grande Bible Institute

Edinburg, TX 78539


gejohnson@juno com. Invito correspondencia por e mail.


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GALATAS 07 -- La Fe frente a la Ley


GÁLATAS

RETOS DESDE LA CRUZ

GÁLATAS – LA EPÍSTOLA DE LA CRUZ Y EL ESPÍRITU SANTO (7)

La verdadera relación de la promesa/fe frente a la ley mosaica

Gálatas 3: 15-29

Dr. G. Ernesto Johnson

Río Grande Bible Institute

Introducción

No es tan fácil de leer y comprender la doctrina. Preferimos la ilustración o el entretenimiento, pero vale la pena perseverar, porque a largo plazo sólo la verdad sólida de la gracia de Dios resulta en la transformación de vida que es la promesa de Cristo. Es común despreciar la doctrina, pero sólo así se crece a la imagen de Cristo.

En esta segunda sección doctrinal de Gálatas 3-4. Pablo sigue el tema de la gracia del evangelio frente a la enseñanza peligrosa de los judaizantes --un énfasis erróneo en guardar aspectos de la ley. Esta mezcla constituye una verdadera amenaza a la obra consumada de Cristo. Pablo ha establecido más allá de duda que la ley sólo condena y maldice al pecador:"todo aquel que no permaneciere en todas las cosas escritas en el libro de la ley, para hacerlas" (3:10). La ley no puede más que condenar al infeliz pecador. Además Cristo nos redimió de la maldición de la ley . . . para que en Cristo Jesús la bendición de Abraham alcanzase a los gentiles a fin de que por la fe recibiésemos la promesa del Espíritu" (13,14). Pero todavía queda la pregunta: ¿Cuál es la verdadera función de la ley? ¿Sirve algún propósito ante Dios? Pablo se dirige a este tema para apoyar el papel distintivo de la ley, pero sólo según el expresado propósito de Dios al enviarla.

Pablo analiza los límites de la ley de Moisés frente a la promesa a Abraham 3: 15-18

"Hermanos, hablo en términos humanos . . . (3:15)." Con una nota de cariño para mantener la atención de sus hijos en la fe, les hace una proposición muy lógica. Un pacto al ser ratificado es inviolable. No se agrega ni si quita nada. Este punto es muy importante --sigue el argumento "a fortiori", es decir, una verdad a la fuerza. Si así es en el pacto/arreglo humano, cuanto más en la intervención de Dios en gracia a favor de Abraham. En cierto sentido un pacto humano es un arreglo humano con dos entidades más o menos iguales.

Pero Dios le hizo una promesa --algo muy diferente de un pacto ; la gracia dependía exclusivamente, no de Abraham sino de Dios en su propia persona inmutable. Para establecer su argumento Pablo se vale de la inspiración bíblica plenaria y verbal hasta que valía una palabra singular: no, a las simientes sino como se valía de una simiente. Luego Pablo interpreta correctamente el enfoque espiritual de la promesa, en Cristo, en la simiente mesiánica a final de cuentas, no tan sólo en la tierra y el pueblo sino en el Mesías mismo en quien todas las naciones serían bendecidas (3:16)

De manera muy razonable la aplicación es que la promesa dada tempranamente a Abraham tiene estricta prioridad sobre la ley. Dios ha hecho la promesa y Hebreos dice: "por dos cosas inmutables . . . no puede mentir" (Heb. 6:18). De tal modo la promesa se mantiene en pie y en plena vigencia. La ley que vino más tarde bajo diferentes circunstancias y dada a diferentes personas con diferente fin no puede de ninguna manera abrogar ni invalidar la promesa. Así Pablo mantiene la superioridad de la gracia de Dios y el oír con fe ante el concepto erróneo de los judaizantes..

La promesa es de otro parámetro, de otra índole, es decir, es por la pura gracia de Dios. Por un solo argumento incontrovertible Pablo pone la promesa a Abraham en otra categoría muy superior a la ley. Pablo saca la conclusión inevitable, la consecuencia lógica y doctrinal: "Porque si la herencia es por la ley, ya no es por la promesa; pero Dios la concedió a Abraham mediante la promesa" (3:18). No puede haber otra conclusión posible. La ley y la gracia son incompatibles con respecto a la salvación.

La ley sí sirve, pero sólo para condenarnos y prepararnos por el oír con fe Gál 3: 19-21

Bishop John Lightfoot analiza bien la superioridad de la promesa o la inferioridad de la ley bajo cuatro puntos: 1.) la ley condena, no da vida; 2.) la ley fue temporaria; cuando la simiente vino, se anuló; 3) la ley no vino directamente de Dios al hombre sino a través de dos mediadores, ángeles y Moisés; 4.) la ley dependía de la obediencia de los contratantes[1]. Al contrario la promesa dependía sólo de Dios mismo sin entrar para nada el elemento humano. Por el decreto soberano de Dios se estableció la eterna validez de la promesa.

Pero el autor inspirado reconoce la validez de la pregunta: "¿para que sirve la ley?" (3:19). Su respuesta responde de golpe a la pregunta, porque nadie dudaba de que la ley era la personificación de la santidad y la justicia de Dios. La ley nos revela quien es Dios y por ende quienes somos nosotros por el muy agudo contraste. La respuesta es sucinta: "Fue añadida a causa de las transgresiones, hasta que viniese la simiente (Cristo) a quien fue hecha la promesa; y ordenada por medio de ángeles en mano de un mediador" (3:19). De hecho el pecado (la naturaleza del mal) en forma de los pecados (los delitos mismos) se oponía a las demandas estrictas de la santidad de Dios. El pecado de esta manera se definía, se veía, se juzgaba de tal manera que la situación del ser humano no pudiera tener la más mínima esperanza de ganar su propia salvación. La ley logró condenar por excelencia al pecador sin Cristo (Rom. 3:20, 23).

Este pacto mosaico era condicional desde el principio. Dios exigía la obediencia en todo momento, pero el ser humano no pudo ni quiso responder así. "Maldito todo aquel que no permaneciere en todas las cosas escritas en el libro de la ley, para hacerlas" (3:10). "Y la ley no es de fe, sino que dice: el que hiciere estas cosas vivirá por ellas" (3:12). La ley era inferior porque un contratante se rebeló y así quedó abrogada la ley al llegar la simiente, Cristo (3:19). Otro factor limitante era que les llegó la ley por medio de dos mediadores, ángeles (Deut. 33: 2; Hechos 7:53) y Moisés (Ex. 20:19; Deut. 5:2). El otro contratante era Dios mismo, el único fiel, constante e inmutable.

Otra cuestión queda por contestar. Pablo no quería socavar o despreciar la validez de la ley en sí. La ley era indispensable para la obra salvadora final, pero no como el agente de la salvación sino que la ley desempeñaría un papel preparatorio y muy necesario "¿Luego la ley es contaría a las promesas de Dios?" (3:21). De ninguna manera no eran contrarias porque procedían de Dios mismo; así la promesa y la ley no eran principios hostiles ni contradictorios. Más bien en orden cronológico se servían el mismo fin, el de preparar al pecador para la venida de la fe.

En general la palabra «fe» tiene varios usos en las Escrituras. Aquí se da la preferencia a Cristo, menos que al evangelio; aquí no se puede referir a la fe subjetiva y personal. El contexto nos guía a la interpretación más adecuada. Este hecho subraya lo temporaria de la ley, socavando los argumentos de los judaizantes que querían imponer de nuevo la ley en los gálatas. Lejos de quedar vigente la ley, quedó caduca y abrogada (véanse Hebreos 8:13: 9:10). Éste es el argumento decisivo para establecer la introducción de la promesa de fe.

Según la Escritura, es decir, el Antiguo Testamento, la ley logró el propósito divino de encerrarlo todo bajo la condena del pecado (3:22). Pablo usa el neutro «lo» para hacer lo más inclusiva posible la referencia al mal de ser humano. Pablo resume todo el argumento de Romanos 9-11 usando el mismísimo verbo[2]: "Porque Dios se sujetó a todos en desobediencia, para tener misericordia de todos" (Rom.11:32). La ley sí bien sirve el propósito de Dios cuando y sólo se usa según el plan perfecto de Dios para hacer resaltar el mal y quitarle al ser humano toda esperanza de lograr su propia salvación.

Pablo usa la ilustración de uno de menor edad bajo restricciones fuertes Gál. 3: 22-25

Es muy interesante como Pablo ilustra el papel de la ley para con los israelitas frente a la amenaza de los judaizantes. Volverá a tocar la misma ilustración en Gal. 4:1-3 y luego en la alegoría de Agar, el monte de Sinaí y Sara y la Jerusalén de arriba Gál 4: 21-30. La analogía es gráfica; Antes que viniera la fe (Cristo, el Mesías), Pablo recordaba su propia posición: "Estábamos confinados bajo la ley, encerrados para que aquella fe que iba a ser revelada. De manera que la ley ha sido nuestro ayo, para llevarnos a Cristo, a fin de que fuésemos justificados por la fe" (3: 23, 24). Pablo escoge bien la palabra «ayo» que fue un tutor o un esclavo de cierta categoría que tenía a su cargo la supervisón moral del heredero. Su papel fue diferente de un maestro o pedagogo; le tocaba a él el deber de imponer la disciplina de manera estricta. Así la ley era inferior como el esclavo aun de cierto rango con el deber de limitar y poner restricciones a favor de criar cierta moral en el heredero menor. Fue una etapa temporaria esperando la libertad futura de llegar a ser el auténtico heredero.

Echada a un lado la ley, Cristo introduce un nuevo status, libertad y santidad Gál. 3: 26-27

En este párrafo Pablo amplía la gloriosa libertad del creyente, libre de la ley pero unido a Cristo acabadas todas las distinciones de la ley. Lo que servía por un rato, ya no sirve más. Con la llegada de la fe o Cristo, la simiente a quien le dio Dios la promesa por pura gracia, entramos de inmediato en el pleno disfrute de los hijos de Dios bajo la única condición del oír con fe (3: 2, 5)

Pablo ahora describe la herencia del creyente. Tal lleva la marca del hijo de Abraham por fe. La ley no aportó nada; sólo condenó al pecador y preparó al creyente para recibir por fe la promesa. La primera característica es "porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos" (3: 27). La primerita característica es una plena co-crucifixión o identificación con Cristo en muerte al pecado --lo negativo-- pero seguido inmediatamente por estar revestido de Cristo. Aquí se oye el eco de Rom. 6: 3: "Fuimos todos bautizados en su muerte." Col. 2: 12:"sepultados con él en el bautismo."

Dios toma cartas desde el primer minuto de nuestra salvación uniéndonos a su Hijo en la Cruz. Éste es el mensaje de la Cruz. Sabemos que la referencia al «bautismo» se refiere a nuestra incorporación en el cuerpo de Cristo por el Espíritu Santo, el verdadero bautismo en/con/por el Espíritu: "Porque por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo, sean judíos o griegos, sean eslavos o libres; y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu" (1 Cor.12: 13). Es seguido ese bautismo espiritual por la ordenanza que da testimonio público a tal verdad abrazada y comprendida ahora de todo corazón.

Pablo vuelve a puntualizar esa verdadera fundamental. No se puede entender la salvación por la gracia sin regresar incansablemente a ese punto de partida, nuestra identificación con Cristo en la Cruz. Como resultado de ese acto divino el creyente está revestido de Cristo (Gal. 3: 27). La justificación que nos dio cobertura bajo la justicia de Cristo viene siendo nuestra vestimenta espiritual. Nuestra posición en Cristo llega a ser nuestra nueva condición. Pablo en Efesios 4: 23, 24 nos reta de tal manera: "y renovaos en el espíritu de vuestra mente, y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad."

Por la gracia, no por la ley el creyente ya es nueva criatura Gálatas 3:28, 29

Ahora viene un versículo muy radical que puntualiza lo distintivo de ser hijo de Abraham con el oír por fe. La ley nunca nos aportó nada; sólo preparó el camino por exponer y definir el pecado nuestro. Es la pura gracia de la promesa en una gloriosa transformación que rompió tajantemente todas las barreras que se pudieran imaginar. "Y no hay judío, ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús. Y si vosotros sois de Cristo, ciertamente linaje de Abraham sois, y herederos según la promesa" (Gál. 3:28 29). El espectro o la gama del creyente nos deja pasmados. Estos dos versos son la pierda de ángulo, la piedra de toque del creyente. De un solo golpe la Cruz derrumbe todo lo que nos separa y nos une a todos en los lazos del Cucificado.

El concepto del judaizante era que la ley agregaba algo necesario al creyente en Cristo. Quería devolverlos a la servidumbre de la ley. Pablo lo veía con un ataque frontal en contra de la absoluta suficiencia y superioridad de la gracia disponible del oír con fe. Pero en Cristo, en cambio, no hay distinción alguna, ni de sexo, ni de nivel social, económico y religioso. Todos somos "herederos con Dios y co-herederos con Cristo" (Rom. 8:17).

Ya que somos herederos espirituales en plena posesión de Cristo, no hay por que buscar un don que nos magnifique, ni una experiencia que nos separe de los demás hermanos en Cristo. No hay búsqueda ni imán que nos prometa enriquecernos como en la Teología de la Prosperidad. No hay poder sobre otros por el «dizque» obispo, apóstol o profeta que crea tanta carnalidad hoy día. Todo esto la Cruz de Cristo la elimina y nos deja humildes y santos delante de Dios. Veamos la suficiencia de Cristo crucificado a quien Pablo predicaba. "Pues me propuse no saber entre vosotros cosa alguna sino a Jesucristo, y éste crucificado" (1 Cor. 2 :2).

Verdades poderosas por agarrar

1. La promesa dada en gracia a Abraham y a nosotros por el oír con fe está en pie y vigente en la vida de todo creyente.
2. La ley sirvió como «ayo» para llevarnos a Cristo. Ya no sirve porque en Cristo quedamos perdonados y aceptos como herederos con Dios y co-herederos con Cristo.
3. La ley y el legalismo nos separan, pero unidos a Cristo no hay ni judío ni griego, ni esclavo ni libre, ni varón ni mujer; "porque todos vosotros sois uno en Cristo" (3:28).
4. La verdadera marca del creyente es que está bautizado en Cristo y revestido de Él (3: 27).
5. La gracia que nos llega por el oír con fe es tan completa que buscamos nada menos que más de Cristo y Cristo crucificado. Éste es el mensaje de la Cruz.

Tuyo en el Mensaje de la Cruz,

G. Ernesto Johnson

Rio Grande Bible Institute

Edinburg, TX 78539

gejohnson@juno.com www.kneillfoster.com www.obrerofiel.com

[1] J.B. Lightfoot, Epístle to the Galatians, 7th ed., (London: Macmillan and Company), 1881, p.144.

[2] Ibid, p.148.



10/30/2009

GALATAS 8 -- Libres en Cristo vs Esclavos de Ley

  • GÁLATAS

RETOS DESDE LA CRUZ

GÁLATAS – LA EPÍSTOLA DE LA CRUZ Y EL ESPÍRITU SANTO (8)

Lo incompatible de estar en Cristo libre y a la vez esclavo bajo la ley

Gálatas 4:1- 5:1

Dr. G. Ernesto Johnson

Río Grande Bible Institute

Introducción

Pablo sin interrupción alguna continúa el tema de Gálatas 3. Ha introducido en 3:24 la ley como “el «ayo» para llevarnos a Cristo a fin de que fuésemos justificados por Cristo”; es la analogía del menor, quien es el heredero futuro pero por un tiempo queda bajo tutores y curadores (3:2). La ilustración del «ayo» es de un esclavo de cierto rango que tiene el deber de vigilar y criar al futuro heredero hasta que pueda heredar lo suyo. Pablo recuerda como él y los judíos estaban en semejante posición, como niños, pero en nada diferían del esclavo y el menor hasta el tiempo señalado por el padre—un paralelo exacto de la ley frente a la promesa dada a Abraham.

“Pero en el cumplimiento del tiempo Dios envió a su Hijo” Gálatas 4: 4-7

Pablo ya está a punto de explicar cómo y cuándo llegó la liberación de la ley y la entrada en la libertad de los plenos herederos en Cristo, tanto los judíos como los gentiles. Otras versiones dan la idea de “en la plenitud de los tiempos”, es decir, en el preciso momento más ventajoso históricamente, Dios introdujo a su Hijo. La historia del mundo de la antigüedad da fuerte evidencia de aquello. Ni antes ni después hubo un tiempo más propicio para la expansión del evangelio: hubo la «pax» romana, la protección del poderoso ejército romano, un mundo ordenado y tranquilo y accesible; hubo caminos y circulación como nunca antes ni después, una cultura grecorromana que permitía la difusión del evangelio sin barreras del idioma y prejuicios culturales. Pablo mismo fue el emisario perfecto para tal apostolado: judío, educado a los pies de Gamaliel, ciudadano de Roma, versado en la filosofía griega y transformado por el poder del evangelio para ser apóstol a los gentiles.

Pero más al punto “pero cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la ley, para que redimiese a los que estaban bajo la ley a fin de que recibiésemos la adopción de hijos” Si jamás vemos la mano de Dios al momento oportuno sería en esta disyuntiva. Cristo fue así identificado con la simiente de la mujer (Gen. 3:15; Isaías 7:14) bajo la jurisdicción de la ley con el fin de redimir a aquellos bajo la ley a fin de recibiésemos la adopción de hijos. Nótense los verbos los que estaban—los judíos-- para que recibiésemos – los judíos y los gentiles en Cristo. Pablo mismo vivió esa disyuntiva y da testimonio de aquello.

Al hablar de la adopción de hijos, Pablo introduce un tema bien paulino ilustrando la herencia de la ley romana. La ley de la adopción casi no existió en el judaísmo. El hijo mayor recibía una doble herencia. El prosélito siempre era de segunda clase. Pero en la ley romana la adopción era sí muy posible para hasta el esclavo. Hubo una igualdad que no tomó en cuenta el triste pasado. Es Pablo entre los escritores novotestamentarios que hace resaltar la doctrina de la adopción (Efesios 1:5,6, 11-14; Rom. 8:15; 9:4).

Ya que llegó la fe, el Mesías, y se abrogó la ley y tanto el judío como el gentil en Cristo son hijos y como prueba final: “Dios envió a vuestros corazones el Espíritu de su hijo, el cual clama ¡Abba, Padre! «Abba» es el diminutivo que se traduce «Papi», una nota de cariño e intimidad. Tal es nuestra aceptación ante Dios sin distinción alguna. Termina el argumento por afirmar lo conclusivo: “Así que ya no eres esclavo, sino hijo; y si hijo, también heredero de Dios por medio de Cristo” (Gál. 4:7).

Pablo muestra su amor y revela su profundo temor por ellos Gálatas 4: 8-18

En este párrafo vemos como nunca el corazón pastoral de Pablo. Empezó la epístola pasmado por la vacilación de sus queridos hijos en la fe: “Estoy maravillado de que tan pronto os hayáis alejado del que os llamó por la gracia de Cristo para seguir un evangelio diferente, no que haya otro, sino que hay algunos que os perturban y quieren pervertir el evangelio de Cristo” (Gál.1: 6, 7). Ahora Pablo vuelve a apelarles de varias maneras para hacerlos recapacitar. Hacen frente a una situación muy peligrosa. Los advierte con cariño y pasión espiritual.

Primero apela a lo genuino de su salvación. Pablo los vuelve a recordar cuando les llegó, tal como eran, meros paganos, sirviendo a los ídolos que no eran dioses. Pablo podía aceptar tal ceguera porque eran muertos en sus pecados, pero ahora de ninguna manera porque Cristo les dio la luz del evangelio. Lo interesante es que Pablo se corrige a sí mismo al decir que conocieron a Dios como si fuera por su búsqueda de Dios: “o más bien, siendo conocidos por Dios.” Fue Dios mismo que tomó la iniciativa y les hizo conocer la verdad. ¿Cómo, pues, pudieran volver al abismo de donde los sacó Dios? ¿Cómo podían volver a lo débil y lo pobre de la mera observancia de lo externo. Nombra los días, los meses, los tiempos y los años como si fueran algo que valiesen la pena (Gál. 4: 9, 10). ¡Cómo habrán caído!

En segundo lugar apela a su profunda inquietud y temor por ellos. Teme grandemente que toda su labor haya sido en vano, con ningún resultado. Como judío ortodoxo y fariseo, Pablo salió de tal abismo de guardar días y meses. Abandonó tal falsa confianza para hacerse como el gentil para poder ser apóstol a ellos mismos (1 Cor. 9: 21-23). ¡Cómo pudieran ellos ahora abandonar su conversión a Cristo para volver a aquello que les resultó tan inútil. “Os ruego, hermanos—una nota de ternura y esperanza—que os hagáis como yo, porque yo también me hice como vosotros” (4: 12). Lejos de herirme, os habéis herido a vosotros mismos.

En tercer lugar Pablo les hacer recordar cómo les llegó en una visita previa y cómo lo recibieron encarecidamente. No sabemos en detalle las circunstancias, pero Pablo la describe en términos gráficos. “Pues sabéis que a causa de una enfermedad del cuerpo os anuncié el evangelio al principio; y no me despreciasteis ni desechasteis por la prueba que tenía del cuerpo, antes bien me recibisteis como a un ángel del Dios, como a Cristo Jesús” (4:12,13). Lleno de gratitud Pablo por su solicitud en tal momento tan duro de su ministerio recuerda la acogida tan calurosa que ya la vuelve a revivir. ¡Qué mezcla de emociones y traición! Pablo hasta describe el extremo de que pudieran haber ido. “¿Dónde, pues, está esa satisfacción que experimentabais? Porque os doy testimonio de que si hubiereis podido, os hubierais sacado vuestros propios ojos para dármelos.” ¡Fíjate en tal acogida pasada! ¡Qué tristeza por el brusco cambio! Que esta prueba tan dura de Pablo sea evidencia de la profunda tristeza ministerial cuando las verdades falsas enajenan a los hermanos para seguir otra corriente novedosa que al final de cuenta no rinde nada Otros siervos de Dios lo han experimentado también.Es duro.

No sabemos cuál fue la enfermedad en su cuerpo que dificultó grandemente su llegada y ministerio la que forjó un lazo cariñoso entre Pablo y los suyos. La ruptura causada ahora por los judaizantes hirió profundamente a Pablo y así revela la dolencia de su corazón. Puede ser que el “aguijón en su carne” de que Pablo habla en 2 Corintios 12: 7-10 haya sido la misma enfermedad porque las dos epístolas se escribieron por el año 57 A C.

En cuarto lugar Pablo hace la dolorosa pregunta “¿Me he hecho, pues, vuestro enemigo, por deciros la verdad?” Debiera haber resonado en los gálatas tal viraje de 180 grados, de amigo a enemigo de golpe. Pablo no trata de ocultar su amor, su afán y su peligro de ellos. Profundas son las heridas del pastor cuyas ovejas se descarrían. Después de tanto afán personal, Pablo expone la motivación falseada de los judaizantes: “Tienen celo por vosotros, pero no para bien, sino quieren apartaos de nosotros para que vosotros tengáis celo por ellos” (4:18). El análisis de Pablo es que la carne misma hace la división a costo de la verdad y la obra del Espíritu Santo. Tocará Pablo el remedio para esto en Gálatas 5, 6.

La carga del corazón del Pablo y el remedio para la carne Gálatas 4: 19, 20

Estos versos revelan el corazón del pastor. ¡Qué hondamente vuelve a sufrir Pablo los dolores de parto por los gálatas! Su ternura y sensibilidad se ven en “Hijitos míos, por quienes vuelvo a sufrir dolores de parto, hasta que Cristo sea formado en vosotros” (4:19). Pablo sigue en los pasos del Crucificado. “Y cuando llegó cerca de la ciudad, al verla lloró sobre ella” (Lucas 19:40). “Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas, y apedreas a los que te son enviados! ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina a sus polluelos debajo de sus alas, y no quisiste?” (Lucas 13: 34).

Sólo Cristo puede ser el remedio para tal regreso espiritual y desplazar los estragos de la vida del viejo hombre. Pablo como una madre fiel vuelve a dar a luz por su oración y carga para que sean restaurados. Ésta es una buena descripción de la vida cristiana: la formación progresiva en nosotros de Cristo mismo. A la vez revela los dolores de parto del pastor quien observa y participa en el proceso de la madurez, no sin la angustia de la lucha del Espíritu con la carne (Gál. 5:17). Ésta es de nuevo otra vislumbre del Mensaje de la Cruz. Terminó Pablo por decir: “Quisiera está con vosotros ahora mismo y cambiar de tono, pues estoy perplejo en cuanto a vosotros” (4:20). La vida cristiana es Cristo tomando forma en nuestro andar diario.

Pablo reprende a los judaizantes usando la misma ley que imponen Gálatas 4: 21-25

Después de su tierna exhortación a los suyos apelando a varios factores personales, se da cuenta de que ya es hora de dirigirse francamente a los judaizantes. Lo hizo por medio de la misma ley que quisieron imponer sobre los gálatas. Por medio de una alegoría, usando una interpretación algo común entre ellos, relata la historia concreta de Abraham y el fracaso de Agar e Ismael ante la previa promesa dada a Abraham por medio de Sara y su simiente, Isaac, que heredarían la plena bendición del Mesías por venir.

Hay pocas alegorías en las Escrituras, pero es una forma parabólica que por medio de una serie de comparaciones metafóricas enfatiza de manera más detallada unas lecciones principales. Una metáfora es una comparación entre dos cosas sin la palabra «como» lo cual sería un «símil» por ejemplo: “Lo cual es una alegoría, pues estas mujeres son «como» los dos pactos. En la hermenéutica o la ciencia de la interpretación de las Escrituras alegorizar el texto está mal, porque niega o desprecia lo histórico del evento para agregar un significado totalmente fuera del texto, algo inventado por el intérprete según su previo gusto. Pero aquí Pablo basa todo la aplicación de la historia bíblica.

El hijo de la esclava ante el hijo de la libre—Testimonio de las Escrituras Gal. 4: 26 - 31

En este caso la alegoría estriba en la historia verídica de Abraham y Sara y Agar, su sierva (Gén.16: 1-16). Pablo compara a Agar, la esclava, con el monte de Sinaí en Arabia de donde Dios les dio la ley que corresponde en aquel tiempo a Jerusalén actual, la sede de los judaizantes (4:24, 25) que los molestaban. Agar o la ley es comparada con Sara “la libre por la promesa” (4: 23) o “Jerusalén de arriba la cual es madre de todos nosotros” (4:26).

Pablo subraya la frase con que empezó la reprensión: “Decidme, los que queréis estar bajo la ley: ¿no habéis oído la ley?” (4: 21) porque les cita Isaías 54:1, la ley o el Antiguo Testamento: “Porque está escrito: regocíjate, oh estéril (Sara), tú que das a luz; prorrumpe en júbilo y clama, tú que no tienes dolores de parto; porque más son los hijos de las desoladas, que de la que tiene marido” (4:27). Los hijos de la promesa dada antes de la ley (3:17) serán mucho más numerosos que los de la ley o los judaizantes. La conclusión tiene que ser: “Así que hermanos, nosotros, como Isaac, somos hijos de la promesa” (4:28).

Ahora Pablo les hace saber que tal como “el que había nacido de la carne perseguía al que había nacido según el Espíritu es también así ahora”. Por primera vez Pablo introduce el ministerio del Espíritu Santo, el cual ampliará en los últimos dos capítulos de la epístola. Tome nota de esta verdad. Finalmente apela a la autoridad de las mismas Escrituras con la conclusión terminante: “Echad fuera a la esclava y a su hijo, porque no heredará el hijo de la esclava con el hijo de la libre. De manera, hermanos, que no somos hijos de la esclava, sino de la libre” (4: 30).

El Nuevo llamado a la libertad en Cristo Gálatas 5:1

En vista de esta verdad ya establecida por la ley o el Antiguo Testamento, sólo les queda a los gálatas una sola conclusión: “Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no estéis otra vez sujetos al yugo de esclavitud.” La ley no nos rinde nada, al contrario nos esclaviza. La aplicación actual es ésta: cualquier cosa agregada a la suficiencia de Cristo destruye la suficiencia total de Cristo. Las obras de la carne en cualquier forma anulan la eficacia de la gracia de Dios en Cristo. La vida cristiana es un andar por fe basada en la gracia de Dios suministrada a nosotros por medio del Espíritu Santo una vez dada a los hijos de la promesa. No nos queda buscar nada fuera de lo que ya tenemos en Cristo crucificado, ni «unción», ni «experiencia de hablar en lenguas», ni llegar a ser «apóstol» ni «profeta» ni las riquezas materiales. Basta Cristo.

Pero todo esto de Gálatas 3 y 4 puede parecer muy lejos de lo de hoy día. Pero hay tantas ofertas para agregar algo en que la carne puede gloriarse. Pablo las rechaza tajantemente. “Porque somos la circuncisión, los que en espíritu servimos a Dios, y nos gloriamos en Cristo Jesús, no teniendo confianza en la carne” (Fil. 3:3). La carne y el Espíritu son incompatibles en todo sentido. Esto será el tema de los últimos dos capítulos que introducen la vida controlada por el Espíritu Santo en base de la obra de la Cruz. Pablo así nos prepara para tal avance. Por eso la Epístola a los Gálatas de veras es la Epístola de la Cruz y el Espíritu – el título de estos estudios.

Puntos importantes por ponderar

1. En la “plenitud del tiempo” Dios introdujo a su hijo nacido de la mujer bajo la ley
para librarnos de la esclavitud de la ley.
2. Volver a depender de la ley o las fuerzas de la carne es negar la obra de Cristo.
3. Es sumamente peligroso volver a la ley o a la obras de la carne en cualquier forma.
4. Lo que nos resta es estad firmes en la libertad de la gracia una vez dada en la Cruz.

Tuyo en el Mensaje de la Cruz,
Dr. Ernesto Johnson
Rio Grande Bible Institute
gejohnson@juno.com www.kneillfoster.com www.obrerofiel.com



7/25/2009

GALATAS 9 -- Lo fatal de volver a la Ley

GÁLATAS

RETOS DESDE LA CRUZ

GÁLATAS – LA EPÍSTOLA DE LA CRUZ Y EL ESPÍRITU SANTO (9)

La consecuencia fatal de volver a las obras de la ley

Gálatas 5: 2-15

Dr. G. Ernesto Johnson

Río Grande Bible Institute

Introducción

En Gálatas 1 y 2 Pablo presentó las credenciales de su apostolado para apoyar su mensaje de la Cruz. En Gálatas 3 y 4 defendió la exclusividad de la fe y la gracia de Dios en contra de las restricciones y condenas de la ley. Ahora en Gálatas 5 y 6 establecerá el cómo andar en la libertad del Espíritu Santo, poniendo tal vida victoriosa en agudo contraste con la carne provocada por la ley.

Pablo ha comprobado su tesis principal: agregar algo, sea lo que sea, a la obra de Cristo en la Cruz es anular dicha obra de gracia. Volver a la esclavitud de la ley y las obras humanas es relegar la obra de Cristo a la basurera. Tal rumbo tornaría la gracia de Dios en un error monumental divino. “No desecho la gracia de Dios; pues si por la ley fuere la justicia, entonces por demás murió Cristo” (Gal. 2: 21). Tal error colosal no pudiera ser posible nunca.

Pablo define el resultado definitivo de tal vuelto atrás Gálatas 5: 2-6

El Apóstol a los gentiles habla ex cátedra (desde el tribunal del juez final) al pronunciar la sentencia de volver a la ley. “He aquí, yo Pablo os digo que si os circuncidáis, de nada os aprovechará Cristo” (5:2). Es como una bomba por destallar. No hay grados ni medidas de provecho en Cristo. Al decir «si» tenemos en griego una condición futura vívida de la tercera clase que implica una perspectiva de la responsabilidad humana de lo que se teme posible sin que sea necesario lo de ya haber ocurrido Esto explica el afán de Pablo, pero su profunda urgencia al decir tal cosa tan extremosa. Su tono se vuelve severo, pero todavía no espera tal fin desastroso.

El argumento es ésta. “Circuncisión es el sello de la ley. El que de buena voluntad y deliberadamente se deja circuncidar entra en un pacto con la ley. Al entrar en ese pacto para cumplir con toda la ley uno sigue obligado a someterse a ella y no puede pedir más la gracia de Cristo porque ya entró en otro modo de justificación.” Tan claro es el argumento que lo repite casi a pie de la letra en verso 3. Hace hincapié en que si tomasen los gálatas ese rumbo hacia la ley, anularían y harían impotente la obra de Cristo. Esto es más que serio; es desastroso. Es el mismo verbo «katargeo» usado en Rom. 6:6 «destruir, anular». “De Cristo «os desligasteis», los que por la ley os justificáis; de la gracia habéis caído” (5:4). Pablo habla en términos sólo de la doctrina de la justificación y no de la condición espiritual actual de los gálatas. Más adelante va a esperar su perseverancia en la gracia en Gál 5:10: “Yo confío respecto a vosotros en el Señor que no pensaréis de otro modo . . . .” Esto no tiene nada que ver con la dizque pérdida de la salvación. Los advierte de las posibles consecuencias si tomasen tal rumbo peligrosísimo.

Pone Pablo en contraste la posición segura de los verdaderos creyentes por definir en breve la esencia de nuestra unión con Cristo. “Pues nosotros (pudiera él incluir aun a sus amados gálatas Gál. 4:19) por el Espíritu aguardamos por fe la esperanza de la justicia” (5:5). Volver a la ley resulta en la pérdida, el abandono de lo que es nuestro mayor tesoro. En estos dos versos Pablo vuelve a la tríada bendita de la fe, la esperanza y el amor. En unión con Cristo mantenida por fe, no por las obras de la ley, Dios nos garantiza el ministerio del Espíritu Santo, haciéndonos capaces de esperar con toda certidumbre la plena herencia nuestra en Cristo. Al mantener estas tres virtudes disponibles en unión con Cristo en su debido balance “ni la circuncisión vale algo, ni la incircuncisión, sino la fe que obra por el amor” (5:6).

Su oposición fuerte frente a la circuncisión en Gál. 5:2-4 fue que tal acto tomada en base de la ley buscaría en sí las obras como si fuesen la manera de alcanzar la justicia ante Dios. Pero ya en unión con Cristo basta él solo en todo sentido; luego tal rito presente o ausente ni agrega nada ni quita nada. En lugar de las obras nuestras, otra obra a favor nuestro, la obra de Cristo por el Espíritu de Cristo basta. La fe viene siendo la base de su operación y produce el amor que resulta en nuestras muchas ganas esperando nuestra esperanza segurísima.

Aquí Pablo y Santiago coinciden. Pablo pone el énfasis en la fe redentora concedida por el Espíritu que resulta en el amor hacia Dios y su prójimo, es decir, en obras que dan evidencia de la verdadera fe. Santiago niega la fe falsa, es decir, quien meramente dice que tiene fe y no la pone en acción hacia los demás (Santiago 2:19-27). Santiago habla de la fe ficticia y la verdadera; Pablo sólo habla de la verdadera fe produciendo el fruto de amor que nos conduce a nuestra bienaventuranza, la venida inminente de Cristo.

Otra advertencia del corazón de Pablo y otra condena del judaizante Gál. 5: 7-12

Pablo vez tras vez apela a sus amados hijos en la fe. Así empezó la carta. “Estoy maravillado de que tan pronto os hayáis alejado del que os llamó por la gracia” (1:6). “¡O gálatas insensatos! ¿quién os fascinó para no obedecer a la verdad?” (3:1). “Me temo de vosotros, que haya trabajado en vano con vosotros” (4:11). “Hijitos míos, por quienes vuelvo a sufrir dolores de parto, hasta que Cristo sea formado en vosotros” (4:19). Vuelve a su ansiedad espiritual. “Vosotros corráis bien; ¿quién os estorbó para no obedecer a la verdad? (5:7). La figura literaria es de un corredor bloqueado por otro corredor que hace que se pierda su ritmo y posición. También el verbo es de lo militar, algo que hace imposible atravesar el camino por ser hecho imposibilitado.

Pablo afirma que tal persuasión no viene de Dios sino de unos pocos como levadura, símbolo siempre de lo malo que hace echar de perder toda la masa (1 Cor. 5:7). Pero en Dios confía Pablo, no en los méritos de los hermanos. Hay esperanza y confianza en Dios. Pero que tal, sea quien sea, quien los perturbe, sea juzgado por Dios. Como en los salmos imprecatorios no es malo desear que el malo sea juzgado severamente por Dios quien es siempre el juez justo y santo a la vez.

Pablo niega la alegaciones falsas de los judaizantes contra su persona Gál. 5:11-12

De repente parece que hay cambio de rumbo. Nos falta el trasfondo para desenredar las alegaciones. Se supone que sus enemigos usaban lo de Timoteo y su circuncisión para acusar a Pablo de la hipocresía. Decían que predicaba en contra de la circuncisión, pero lo practicaba él mismo. Pablo responde: “Y yo, hermanos, si aún predico la circuncisión, ¿Por qué padezco persecución todavía? En tal caso se ha quitado el tropiezo de la cruz” (5:11). El uso de «si» es condición de primera clase sólo por el argumento. Lo de circuncidar a Timoteo fue al empezar el segundo viaje misionero. “Quiso Pablo que éste (Timoteo) fuese con él, y tomándolo, le circuncidó por causa de los judíos que había en aquellos lugares; porque todos sabían que su padre era griego” (Hechos 16:3).

Pero Lucas, el autor de los Hechos, clarifica que Pablo lo hizo como una preventiva de futuros problemas cuando aún predicaba primero a los judíos en las sinagogas. Lucas aclara que la madre de Timoteo era judía, pero su padre gentil y posiblemente no creyente; de ese matrimonio mixto no habría sido circuncidado Timoteo. Pablo lo ordenó sólo en aquel aislado caso para prevenir complicaciones en su ministerio principiador.

Luego ante el Concilio de Jerusalén cuanto Bernabé y Pablo ascendieron a Jerusalén para tratar el problema acalorado de la ley y la circuncisión (Hechos 15:1-35), llevaron a Tito, un gentil. “Mas aun Tito, que estaba conmigo, y con todo y ser griego no fue obligado a circundarse y esto a pesar de los falsos hermanos . . . a los cuales ni por un momento accedimos a someternos para que la verdad del evangelio permaneciese con vosotros (Gal. 2: 3,5). Pablo tenía razón en diferenciar los dos casos.

El primero caso involucró un medio gentil, Timoteo, uniéndose a un equipo de judíos para empezar el ministerio en la sinagoga de los judíos. Fue acto aislado motivado por la discreción y prudencia. El segundo caso fue que el Concilio iba a resolver el mismo problema de la ley; triunfó la gracia de Dios con ningún compromiso para con los judaizantes.

El escándalo de la Cruz una verdad reinante Gál. 5:11

Al poner esto Pablo hace a los gálatas la pregunta lógica: ¿por qué padezco persecución todavía? Y luego introduce una verdad fundamental: en tal caso si fuera así se ha quitado el tropiezo de la cruz. La palabra original nos da la idea del escándalo de la Cruz. Originalmente la palabra «tropiezo» se refería a una trampa para hacer caer un animal. El evangelio de la gracia de Cristo siempre ha sido tropezadero al mundo, a la carne y al diablo. La Cruz siempre ha generado y generará la reacción negativa. Pablo nunca ha evitado la vergüenza, el escándalo de la Cruz, Lejos de evitarlo lo afirma como su corona y jactancia. “Pero nosotros predicamos a Cristo crucificado, para los judíos ciertamente tropezadero, y para los gentiles locura” (1 Cor.1:23). Dios nos libre que jamás seamos ofendidos por el estigma santo de la Cruz de Cristo. “Pero lejos esté de mi gloriarme, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por quien el mundo me es crucificado a mí y yo al mundo” (Gál. 6:14). ¡Al terminar la carta, esto fue la despedida de Pablo a los gálatas!

Para los que perturban a los hermanos y no toleran el escándalo de la Cruz, Pablo les tiene una palabra más. Es bien severa y cortante: “¡Ojalá se mutilasen los que so perturban! ¡Qué sean eunucos! Si su gloria es cortar, que sean cortados. Con tal odio santo Pablo los despacha.

Una Palabra de cautela espiritual frente a la libertad, nuestra herencia Gál. 5: 13-15

Gálatas 5: 1 se destaca con el llamado a la libertad. “Estad firmes, en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no estéis otra vez sujetos al yugo de esclavitud.” Pero ahora Pablo la pone en buena perspectiva bíblica. Gócense de la libertad en Cristo, pero recuerde bien que tal libertad nos hace esclavos de Cristo y al servicio de los demás (Rom. 6:17, 18, 22). “Porque vosotros, hermanos, a libertad fuisteis llamados; solamente que no uséis la libertad como ocasión para la carne, sino servíos por amor los unos a los otros” (5:13). Es verdadera la libertad, pero no es el libertinaje carnal. El péndulo puede mecerse al otro extremo, pero la vida victoriosa en Cristo es una vida balanceada gobernada por el amor, la santidad y la humildad.

Hay una nota interesante en la palabra de «ocasión». Significa una base militar desde la cual se lanza la guerra. También Pedro más adelante les escribe a los mismos gálatas (1Pedro 1:1) y dice: “Como libres, pero no como los que tienen la libertad, como pretexto para hacer lo malo, sino como siervos de Dios” (1 Pedro 2:16).

Por el resto de la epístola Pablo va a hablar muchísimo de la carne (Gál. 5:16), la vida vieja (Rom. 6:6), la pasada manera de vivir (Efesios 4:22). El tema será el Espíritu Santo y la carne. En estos dos capítulos tendremos un desarrollo práctico de cómo se lleva la vida cristiana.

La ley puede ser a primera vista un vehículo bueno para restringir los deseos de la carne. La ley parece hacerlo por sus fuertes prohibiciones. Pero Pablo nos recuerda en Col. 2:23: “Tales cosas (guardar días y reglas) tienen a la verdad cierta reputación de sabiduría en culto voluntario, en humildad y en duro trato del cuerpo; pero no tienen valor alguno contra los apetitos de la carne.” Pero sólo el Espíritu Santo provee la dinámica para sobresalir en la lucha contra la carne, aun en la vida del más santo.

Pero estos dos capítulos 5 y 6 nos enseñarán otro factor tantas veces omitido; me refiero a la obra de la Cruz. Tantos hablan del control del Espíritu como si todo dependiese de él. Pero Gálatas nos dará la parte nuestra en dejar que la Cruz, nuestra muerte con él, nuestra resurrección con él sea el factor acompañante y suplementario a la obra bendita del Espíritu Santo. Romanos 8: 12,13 ponen en perfecto equilibrio estos dos factores: “Así que, hermanos, deudores somos, no la carne, para que vivamos conforme a la carne; porque si vivís conforme a la carne, moriréis; mas (1) si por el Espíritu (2) hacéis morir las obras de la carne, viviréis.” La iniciativa es de él, pero la reacción es nuestra por fe. Es ese perfecto equilibrio y cooperación entre lo divino y lo humano, dejando siempre que lo divino sea la potencia y lo nuestro la cooperación de nuestra voluntad que ya va renovada en Cristo y todo es por pura gracia.

Principios profundos por ponderar

1. La ley y la gracia, las buenas obras nuestras y la fe son totalmente incompatibles. No hay nunca la manera de unirlas como la base de nuestra justificación ante Dios. (5:2)
2. Los judaizantes querían confundir a los gálatas por proponer agregar más allá de la obra de Jesús, en breve, la circuncisión y el guardar de los días etc. Pablo los advierte solemnemente que tal camino abandona la obra de Cristo. No puede ser este modo la justificación ante un Dios santo (5:4).
3. Pablo se acerca a tal abandono peligrosísimo por sugerir que si procediesen por ese camino, ya habría caído de la gracia. No lo afirma, pero los advierte y les da el alerta. (5:4)
4. Pero con su corazón pastoral Pablo cree aún que no han dado ese paso, ni lo darían porque Dios ha hecho una obra genuina en sus vidas.
5. Las implicaciones para nosotros son fuertes; La ley y las buenas obras en base de nuestra energía NO; la fe en la obra todo suficiente de la Cruz y el Espíritu Santo SÍ.
Tal es la vida victoriosa en Cristo que Pablo ampliará en el resto de capítulos 5 y 6.

Tuyo en el Mensaje de la Cruz,
Dr. G. Ernesto Johnson
Rio Grande Bible Institute
Edinburg, TX 78539

gejohnson@juno.com www.kneillfoster.com www.obrerofiel.com




7/25/2009

GLATAS 10 -- Como andar en el Espiritu ?

GÁLATAS

RETOS DESDE LA CRUZ

GÁLATAS – LA EPÍSTOLA DE LA CRUZ Y EL ESPÍRITU SANTO (10)

Cómo Andar en el Espíritu Santo, La Pregunta Candente

Gálatas 5: 13-18

Dr. G. Ernesto Johnson

Río Grande Bible Institute

Introducción

En el estudio anterior Gálatas 5: 1-15, Pablo les habla a sus hijos espirituales en Galacia en tono bastante severo (5:2, 4). Pero a la vez revela su corazón pastoral y su confianza final en que van a volver a Cristo como la única base de su justificación (5:10). Por advertencias muy directas propone, en forma de una suposición, que si tal es su regreso a guardar la ley por aceptar la circuncisión, pues, han abandonado a Cristo y han caído de la gracia (2-4).

Ante tal dilema espiritual Pablo echa la culpa a los judaizantes que han tratado de bloquear la carrera espiritual (5: 7-9,12). Pero Pablo mantiene todavía su confianza en Dios que sí vuelven a su principio en la gracia y por el oír con fe (3:2). Reafirma la meta de su andar: “Pues, nosotros por el Espíritu aguardamos por fe la esperanza de la justicia, porque en Cristo Jesús ni la circuncisión vale algo, ni la incircuncisión, sino la fe que obra por el amor.” (5, 6). En breve resumen enfoca su fe en la obra del Espíritu Santo en sus vidas. Este enfoque lo va a ampliar en la próxima sección (5: 16-18).

La Herencia en Cristo es la libertad en santidad Gál. 5: 13-15

Pablo ahora abandona su énfasis en los judaizantes para trazar claramente la realidad del andar con Cristo. Sólo volverá a tocar a los judaizantes al final de la epístola. Tiene algo de mayor y urgente importancia que desarrollar, es decir, explicar el CÓMO de andar en santidad bajo el control del Espíritu Santo. En el resto de la epístola Pablo nos presentará la respuesta al clamor nuestro—CÓMO.

Reconoce Pablo la tendencia peligrosa de convertir nuestra libertad en Cristo en ese otro extremo, el libertinaje. “. . . .vosotros, hermanos, a libertad fuisteis llamados; solamente que no uséis la libertad como ocasión (término militar-base) para la carne, sino servíos por amor los unos a los otros” (13). Como se ha dicho por la Sra. Jesse Penn-Lewis: “a veces el error no es más que la verdad desequilibrada, fuera del balance bíblico”. El regulador divino es el servicio constante por amor los unos a los otros. Pablo cita Levítico 19:18: “. . . amarás a tu prójimo como a ti mismo. Yo Jehová.” Concuerda Jesús en Mateo 22: 37-40 por unir el amor a Dios con el amor al prójimo. Tal transformación depende exclusivamente del Espíritu porque en cambio el ser humano es egoísta en lo sumo.

Sin embargo en este enfoque en servir a otros, haciéndolo el amor divino, Pablo hace frente a la terrible realidad de que la carne se interpone y tantas veces trastorna la libertad en el libertinaje; resulta en unas luchas más despiadadas en nuestras iglesias. ¿Quién no ha vivido en hueso colorado las envidias, el rencor y las rupturas en nuestras iglesias y en nuestras relaciones? Casi no existe la iglesia que no haya sufrido esta tragedia, por grande o pequeña que haya sido. Pablo hace frente ahora a eso entre los mismos gálatas; lo saca a plena luz al decir en términos de los animales que así se tratan: “pero si os mordéis y os coméis unos a otros, mirad que también no os consumáis unos a otros” (Gál 5: 15).

Déjame respaldar esto con otros textos al respecto: “De dónde vienen las guerras y los pleitos entre vosotros? ¿No es de vuestras pasiones, las cuales combaten en vuestros miembros? Codiciáis, y no tenéis, matáis y ardéis de envidia, y no podéis alcanzar; combatís y lucháis, pero no tenéis lo que deseáis, porque no pedís. Pedís, y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites. ¡Oh, almas adúlteras! No sabéis que la amistad del mundo es enemistad contra Dios? cualquiera, pues, que quiera ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios?” Sant. 4: 1-4. Se pudieran multiplicar otros textos semejantes. Tenemos que ser francos: las luchas internas se hacen externas y toman formas escandalosas en las mismas relaciones entre los dizque hermanos. En realidad estamos rodeados tanto de las evidencias de la carne en pleno reino. Y todo esto en el supuesto nombre de servir a Dios. ¡Qué barbaridad!

El Espíritu Santo versus la carne en la vida del creyente hoy día

Pablo ya llegó a lo práctico de su tesis. ¿Cuál es el remedio divino contra la carne todavía tan activa entre los hermanos? Para apreciar su énfasis en el ministerio del Espíritu Santo tenemos que volver a trazar los previos capítulos. Recuerda que Gálatas es un solo mensaje que abarca verdades sobresalientes: lo genuino de la gracia de Dios (1: 4, 5); la autoridad del evangelio en el apostolado de Pablo (1:11,12); la obra fundamental de nuestra unión con Cristo en la Cruz (2:20); el papel clave del oír con fe (3: 6, 7) y el grave peligro de trastornar la ley en otra base de la justicia (5:2-4).

Por primera vez en Gálatas Pablo menciona el ministerio del Espíritu Santo en 3:2 – 5. “Esto solo quiero saber de vosotros: ¿recibisteis el Espíritu por las obras de la ley, o por el oír con fe?” Esta pregunta clave debiera haber sido suficiente para apagar su interés en la ley. La oferta del judaizante no les produjo nada, pero el simple oír con fe les trajo la justificación en Cristo y la llegada del Espíritu quien les “suministra maravillas entre vosotros” (5). Llegó el Espíritu Santo en base de la fe y produjo en ellos todo de lo que ahora se gozan. El Espíritu Santo llegó gratis, acompañando el evangelio y transformando sus vidas. En agudo contraste la ley les fue estéril. Las manifestaciones del poder del Espíritu ¿lo hace por las obras de la ley, o por el oír con fe? Por cinco preguntas imposibles de contestar introduce al Espíritu de Cristo como la persona que ya vive en ellos y el único que puede traer la libertad en santidad.

El primer paso hacia la victoria “Andad por el Espíritu” Gál. 5:16

Ya le toca a Pablo dar los pasos hacia una vida bajo el control del Espíritu. Da una orden, modo imperativo en el tiempo presente siempre en vigor. “Digo, pues, andad en (por, a través del) el Espíritu, y no (de ninguna manera jamás) satisfagáis (o el tiempo futuro fuerte: satisfaréis) los deseos de la carne”’ (5: 16). Hay varios matices de significado que podemos considerar. La orden de andar o vivir por el Espíritu está en pie y lo que sigue es una garantía de que no habrá en el futuro por qué ceder a los deseos egoístas de la carne. Algunos interpretan satisfacer o cumplir (véase el mismo verbo en Rom. 8: 4) en el tiempo futuro indicativo y otros dicen que es en el modo subjuntivo, un mandato indirecto. Por un lado tenemos la seguridad de no ceder a la carne y por el otro una orden de no cumplir o ceder nunca a la carne. Prefiero yo la primera interpretación. Ya que es el Espíritu, el Santo, no nos involucrará nunca en ser cómplice de la carne. El Espíritu Santo siempre produce la santidad.

Otra razón por la cual no pueden coexistir en paz el Espíritu y la carne en el andar del creyente es la total incompatibilidad del Espíritu Santo y la carne (5:17). Son los polos opuestos y no hay nunca la manera de armonizar sus fines. Se oponen a sí mismos. Si la carne anda suelta en la vida del creyente, no puede haber el control del Espíritu Santo por mucho que hablemos del bautismo del Espíritu, la facilidad de orar, cantar o hablar en lenguas o haber tenido una gloriosa experiencia en el pasado presente. La bendición del Espíritu sólo descansa en quien actualmente es santo en su manera de vivir.

Ya que es el Espíritu de Cristo (Rom. 8:9), sólo habla de Cristo y lo glorifica. “Pero cuando venga el Espíritu Santo de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir. El me glorificará porque tomará de lo mío, y os lo hará saber. Todo lo que tiene el Padre es mío y os lo hará saber” (Juan 16:13-15). Lo que nos anima es: “Hijitos, vosotros, sois de Dios, y los habéis vencido; porque mayor es el que está en vosotros, que el que está en el mundo.” (1 Juan 4:4).

El creyente sincera frente a las dos dinámicas Gál. 5: 17

“Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y estos se oponen entre sí, para que no hagáis lo quisiereis” ¿Qué quiere decir esta última frase? ¿Implica que la vida cristiana es una lucha interminable? De ninguna manera. Aunque estas dos dinámicas, el Espíritu y la carne, tienden en direcciones opuestas, hay que hacer frente a tal hecho, pero no nos obliga a vivir siempre en tal derrota espiritual. Estas dos dinámicas están contradictorias entre sí; parecen competir; la evidencia de tal contradicción es patente en la vida de cualquier creyente sincero. Sin embargo el hecho de que existen las dos en el creyente no nos obliga, repito, a vivir sumidos, encerrados en tal interminable lucha.

Esta sección de Gálatas introduce el posible conflicto entre el Espíritu y la carne. Pero en Romanos 7 y 8, Pablo mismo lo examina en mayor detalle describiendo su semejante lucha interna y gemir ante la triste realidad de la carne en su vida en dicho momento cuando vivía bajo la condena de la ley. Con toda honestidad señala los tres pasos para abajo en su quebrantamiento que realizó en esta lucha. Pero ese quebrantamiento le condujo por fin a una victoria resonante:

1.) “el pecado para mostrarse pecado, produjo en mí la muerte por medio de lo que es bueno, a fin de que por el mandamiento el pecado llegase a ser sobremanera pecaminoso. (Rom. 7: 13);
2.) “Y yo sé que en mí, esto es, en mi carne, no mora el bien; porque el querer el bien está en mí, pero no el hacerlo” (Rom 7: 18);
3.) finalmente Pablo no pudo más: “¡Miserable hombre de mí ¿quien me librará de este cuerpo de muerte?” (Rom. 7:24).

Puede existir tal conflicto, pero no es de ninguna manera la suerte final del creyente. El evangelio provee los medios por los cuales todo creyente puede vivir bajo el control del Espíritu y no el de la carne, según Pablo asegura a los gálatas.

Pablo, después de relatar dicha triste experiencia en detalle en Rom. 7:7-24, no la vida cristiana normal (Watchman Nee), afirma en el siguiente verso: “Gracias doy a Dios, por Jesucristo nuestro Señor’’ (Rom. 7:25). Después de un brevísimo referencia al pasado en 7:25(b) se lanza en Romanos 8: 1-4. “Ahora pues, ninguna condenación (ningún tipo de condenación) hay para los que están en Cristo Jesús, porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me (nos) libra de la ley del pecado y de la muerte. Porque lo que era imposible para la ley, por cuanto era débil por la carne, Dios, enviando a su Hijo en semejanza de carne de pecado y a causa del pecado, condenó el pecado en la carne para que la justicia de la ley se cumpliese en nosotros, que no andamos conforme a la carne sino conforme al Espíritu”. Ésta es la victoria resonante que Pablo elabora en el resto de Romanos 8, el capítulo de la vida victoriosa bajo el control del Espíritu.

Otra Afirmación: bajo la gracia somos guiados por el Espíritu Santo Gál. 5:18

“Pero si sois guiados por el Espíritu, no estáis bajo la ley”. Pablo reafirma que la ley sólo trae condenación porque nuestras fuerzas son impotentes. Pero bajo la gracia de Dios nuestras fuerzas débiles se sustituyen por el poder del Espíritu que nos hizo ya nuestras criaturas en Cristo soltando de una vez la misma dinámica del Espíritu. “Porque el pecado no se enseñoreará sobre vosotros; no estáis bajo la ley, sino bajo la gracia” (Rom. 7: 14). Esto es lo que los gálatas
tentados a volver a la esclavitud de la ley necesitan oír.

Pablo vuelve a su tesis que el reinado de la ley sólo provoca la carne. Cuanto más el creyente quiere sujetar la carne y sus deseos tanto más fracaso experimenta. Los esfuerzos inútiles nuestros nos conducen a la desesperación y la frustración. Pero el creyente ya murió a la ley y vive unido a Cristo resucitado. “Así también vosotros, hermanos míos, habéis muerto a la ley mediante el cuerpo de Cristo, para que seáis (casados) de otro, del que resucitó de los muertos, a fin de que llevemos fruto para Dios . . . Pero ahora estamos libres de la ley, por haber muerto para aquella en que estábamos sujetos, de modo que sirvamos bajo el régimen nuevo del Espíritu y no bajo el régimen viejo de la letra ” (Rom.7: 5 ,6).

La Epístola a los Romanos complementa y coincide con la carta a los Gálatas. Ambos trazan el proceder de la libertad en santidad. Romanos nos da la verdad en forma teológica y Gálatas en forma práctica frente a la ley y que provoca la carne en sus múltiples manifestaciones; de las cuales pronto hablará Pablo en el resto del capítulo, nuestro próximo estudio.

Poderoso puntos por ponderar

1. La carne en pleno desarrollo resulta en celos amargos y contenciones y toda obra perversa. Santiago 3:16
2. El evangelio nos introduce a una nueva relación, nuestra unión con Cristo, muertos a la ley y unidos de Cristo resucitado quien opera en nosotros a través del Espíritu Santo: “Andad en el Espíritu y no satisfaréis los deseo de la carne”. Gál.5:16
3. Aunque las dos dinámicas son incompatibles es nuestra sumisión y obediencia al Espíritu que produce la verdadera libertad en santidad. Gál. 5:18
4. No es por los valientes esfuerzos nuestros sino por el oír con fe, nuestra muerte y resurrección en Cristo quien nos llena de su Espíritu. No es tanto una experiencia sino un andar diario.
5. Pablo tendrá más que decir sobre las obras de la carne contra el fruto del Espíritu en el resto del capítulo cinco. Cerrará con broche de oro el tema con: “Pero los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos. Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu.” Gál. 5:24, 25

Tuyo en el Mensaje de la Cruz,
Dr. G. Ernesto Johnson
Rio Grande Bible Institute
Edinburg, TX 78539

Dios mediante, salimos el 18 de mayo y regresamos a casa el 24 de julio de 2009; por eso no estoy tanto a la orden. gejohnson@juno.com www.kneillfoster.com y www.obrerofiel.com